El Mito Del Eterno Retorno I: Arquetipos y Repetición

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Mircea Eliade (1907-1986) fue un filósofo rumano y el más grande historiador de las religiones del siglo XX. Su mastodóntica Historia De Las Ideas Religiosas es la obra definitiva sobre el tema, y demuestra una erudición y capacidad de integración de conocimientos casi sobrehumanas.

En El Mito Del Eterno Retorno (1951) es un repaso al pensamiento mítico arcaico en contraposición al pensamiento histórico moderno, y un duro ataque a este último. A continuación copio citas de la primera sección del libro que me hayan llamado la atención especialmente. En próximos posts continuaré con las siguientes secciones (cuatro en total):

 

  • Las sociedades arcaicas, pese a conocer también cierta forma de “historia”, se esfuerzan por no tenerla en cuenta.

 

  • La filosofía occidental corre el peligro de tornarse “provinciana”: primero, por aislarse celosamente den su propia tradición e ignorar, por ejemplo, los problemas y las soluciones del pensamiento oriental; luego, por obstinarse en no reconocer más que las “situaciones” del hombre de las civilizaciones históricas, sin consideración por la experiencia del hombre “primitivo”.

 

  • Las concepciones metafísicas del mundo arcaico no siempre se han formulado en un lenguaje teórico, pero el símbolo, el mito, el rito, [...] expresan un complejo sistema de afirmaciones coherentes sobre la realidad última de las cosas, sistema que puede considerarse en sí mismo como una metafísica.

 

  • Para el hombre arcaico los objetos del mundo exterior no tienen valor intrínseco autónomo. Un objeto o una acción adquieren un valor y, de esta forma, llegan a ser reales, porque participa, de una manera u otra, en una realidad que los transciende.

 

  • Los actos humanos, su significación, su valor, no están vinculados a su magnitud física bruta, sino a la calidad que les da el ser reproducción de un acto primordial, repetición de un ejemplar mítico. La nutrición no es una simple operación fisiológica; renueva una comunión. El casamiento y la orgía colectiva nos remiten a prototipos míticos, se reiteran porque fueron consagrados ab origine por dioses, antepasados o héroes.

 

  • El mundo que nos rodea, civilizado por la mano del hombre, no adquiere más validez que la que debe al prototipo extraterrestre que le sirvió de modelo. El hombre construye según un arquetipo. No sólo su ciudad o su templo tienen modelos celestes, sino que así ocurre en toda la región en que mora, con los ríos que la riegan, los campos que le procuran su alimento, etc.

 

  • Todo territorio que se ocupa con el fin de habitarlo o de utilizarlo como “espacio vital” es previamente transformado de “caos” en “cosmos”; es decir, que, por efecto del ritual, se le confiere una “forma” que lo convierte en real. (…) Lo real por excelencia es lo sagrado; pues sólo lo sagrado es de un modo absoluto, obra eficazmente, crea y hace durar las cosas.

 

  • Repetición de la cosmogonía:  toda creación repite el acto cosmogónico por excelencia: la creación del mundo, en consecuencia, todo lo fundado lo es en el centro del mundo (puesto que, como sabemos, la creación misma se efectuó a partir de un centro).

 

  • El tiempo de un ritual cualquiera coincide con el tiempo mítico del “principio”. Por la repetición del acto cosmogónico, el tiempo concreto, en el cual se efectúa la construcción, se proyecta en el tiempo mítico, in illo tempore en que se produjo la fundación del mundo.

 

  • “Debemos hacer lo que los dioses hicieron al principio”. “Así hicieron los dioses; así hacen los hombres”. Este adagio hindú resume toda la teoría subyacente en los ritos de todos los países. Encontramos esta teoría tanto en los pueblos llamados “primitivos” como en las culturas evolucionadas.

 

  • Los ritos matrimoniales tienen también un modelo divino, y el casamiento humano reproduce la hierogamia, más particularmente la unión entre el cielo y la tierra. La mayoría de las orgías colectivas encuentran justificación ritual en la promoción de las fuerzas de la vegetación. Es indiferente saber en qué medida estos ritos crearon los mitos que los justifican. Lo que importa es el hecho de que tanto la orgía como el casamiento constituían rituales que imitaban actos divinos o ciertos episodios del drama sagrado del cosmos. Legitimación de los actos humanos por un modelo extrahumano.

 

  • El hecho de que comprobemos que el mito ha seguido algunas veces al rito no hace disminuir en nada el carácter sagrado del ritual. El mito sólo es tardío en cuanto fórmula; pero en contenido es arcaico y se refiere a sacramentos, es decir, a actos que presuponen una realidad absoluta, extrahumana.

 

  • El mundo arcaico ignora las actividades “profanas”: toda acción dotada de un sentido preciso -caza, pesca, agricultura, conflictos, sexualidad, etc.- participa de un modo u otro en lo sagrado. La mayoría de estas actividades han sufrido un largo proceso de desacralización.

 

  • Luchas, conflictos, guerras, tienen la mayor parte de las veces una causa y una función rituales. (…) En ningún caso pueden explicarse la guerra o el duelo por motivos racionalistas.

 

  • Ya que un objeto o un acto no es real más que en la medida en que imita o repite un arquetipo, los hombres tendrían, pues, la tendencia a hacerse arquetípicos y paradigmáticos. El hombre de las culturas tradicionales no se reconoce como real sino en la medida en que deja de ser él mismo (para un observador moderno) y se contenta con imitar y repetir los actos de otro. Esa ontología “primitiva” tiene una estructura platónica, y Platón podría ser considerado en este caso como el filósofo por excelencia de la “mentalidad primitiva”.

 

  • Abolición del tiempo: un sacrificio, no sólo reproduce exactamente el sacrificio inicial revelado por un dios ab origine, sino que sucede en ese mismo momento mítico primordial; en otras palabras: todo sacrificio repite el sacrificio inicial y coincide con él. Hay abolición implícita del tiempo profano, de la duración, de la “historia”.

 

  • El hombre de las culturas arcaicas soporta difícilmente la “historia” y se esfuerza por anularla en forma periódica.

 

  • Para un moderno hipercrítico, la pretensión de Darío (que se juzgaba como un nuevo Thraetaona, héroe mítico iranio) podría significar jactancia o propaganda política, y la transformación mítica de los reyes paganos en dragones consistiría en la laboriosa invención de una minoría hebrea incapaz de soportar la “realidad histórica” y deseosa de consolarse a toda costa refugiándose en el mito y el wishful-thinking. Lo erróneo de una interpretación tal -puesto que para nada tiene en cuenta la estructura de la mentalidad arcaica- se relaciona, entre otras cosas, con el hecho de que la memoria popular aplica una articulación y una interpretación completamente análogas a los acontecimientos y a los personajes históricos.

 

  • El carácter histórico de los personajes evocados por la poesía épica no se pone en duda, pero su historicidad no se resiste mucho tiempo a la acción corrosiva de la mitificación. El recuerdo de un acontecimiento histórico o de un personaje auténtico no subsisten más de dos o tres siglos en la memoria popular. Esto se debe al hecho de que la memoria popular retiene difícilmente acontecimientos “individuales” y figuras “auténticas”. Funciona por medio de estructuras diferentes; categorías en lugar de acontecimientos, arquetipos en vez de personajes históricos. La memoria colectiva es ahistórica.

 

  • En cuanto a la objeció según la cual una supervivencia impersonal equivale a una muerte verdadera, únicamente es valedera desde el punto de vista de una “conciencia histórica”, en otras palabras, desde el punto de vista del hombre moderno, pues la conciencia arcaica no concede importancia alguna a los recuerdos “personales”.
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~ por Alejandro Delgado en marzo 1, 2008.

5 comentarios to “El Mito Del Eterno Retorno I: Arquetipos y Repetición”

  1. Veo que el libro no solamente te ha gustado, sino que además lo has asimilado con sumo cuidado e interés. La verdad es que es muy importante tener muy claras en la cabeza varias de las ideas que Mircea Elíade plantea. En cierta manera, en su libro “Mito y Realidad” o en su mastodóntica “Tratado y dinámica de las religiones” se pueden encontrar, en el esqueleto, los mismos conceptos. Es curioso ver, además, como a pesar de que Mircea Elíade está ya considerado algo desfasado, muchas de sus teorías siguen siendo completamente válidas o como los pensadores más revolucionarios o críticos del siglo XX en el fondo terminan muchas veces llegando a los mismos conceptos míticos (ya lo hicieron Nietzsche, Arendt o Jaspers), pidiendo en silencio una recuperación y revalorización de aquellos frente a un pensamiento histórico cuyo mayor engaño consiste, precisamente, en tener, como componente fundamental, una infusa fórmula mítica provinciana, desarraigada y que ¡pretende ser científica!, siendo tal el caso de la mitificación de personajes o hechos históricos, y cuya culpa reside, entre otras, en la educación obligatoria.

  2. ¿Qué me estas contando de las sociedades primitivas y la mitología panteísta-decadente-occidental, colega? El mito del eterno retorno es que te suene el jodido despertador del móvil a las ocho y media to los putos lunes, que vuelva la canción del verano cada verano (aunque sea otra canción distinta pero en el fondo igual de puerca que la del año pasado), que la zorra de tu novia te la pegue con tu mejor amigo, que el gitano hijoputa del quiosco te de otra vez mal la vuelta de un paquete pipas, soñar con que caes al infinito vertiginoso, que te llamen de Jazztel pa que contrates internet con ellos, levantarte resacoso sin tener ni puta idea de lo que hiciste y que Valentín deje comentarios plomizos hipermegaforceruditos en las páginas de la gente. Eso es el eterno retorno y lo demás son chochás. Ea

  3. Pues sí, esa puede ser una forma de interpretar el mito, pero creo que has optado justamente por la más opuesta a lo que un mito es en esencia, a su carga poética, a su capacidad para trascender nuestra realidad más inmediata y prosáica. Yo prefiero pensar que el etreno retorno es estar sentado frente al Mediterráneo, en una agradable sobremesa de final de verano y tener la sensación de que ese momento es absolutamente atemporal y, por tanto, eterno, porque, de alguna manera uno siente que ese momento es el momento, que siempre es ahora.

  4. Hola Greta. No sé quién eres. ¿Nos conocemos?

    Bueno, hay que aclarar que en ningún momento nadie ha negado la carga poética del mito, de hecho Eliade saca a relucir que éste transciende nuestra realidad más prosaica. Se puede decir con una carga de sensiblería, como en el ejemplo del Mediterráneo, pero es reducir la realidad del mito a una pura estética contemplativa vacía y subjetivizada hasta desvalorizarlo.

  5. Hola Alex, no no nos conocemos, he accedido a tu blog de una manera un tanto casual, esto es lo que tiene de bueno la red. Lamento no estar de acuerdo contigo; para empezar, no creo que apelar a una estética contemplativa sea en sí algo sensiblero, y tampoco que esto desvalorice al mito, aunque tal vez sí subjetivizarlo. Por otro lado, hacía mi comentario en relación al post de Julián en el que, creo, él sí reducía el mito del eterno retorno a una cuestión absolutamente subjetiva, pero claro, también es verdad que su experiencia no era “sensiblera”. En fin, como siempre, es una cuestión de puntos de vista.

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