El Mito Del Eterno Retorno IV: El Terror a la Historia

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  • El mundo moderno no está todavía, en esta hora, completamente ganado por el “historicismo”; aún asistimos al conflicto de dos concepciones: la concepción arcaica, que llamaríamos arquetípica y antihistórica, y la moderna, posthegelianda, que quiere ser histórica.

 

  • Esta concepción tradicional de una defensa contra la historia aún hoy sigue consolando a las sociedades agrícolas europeas que se mantienen con obstinación en una posición antihistórica, y por ese hecho se hallan expuestas a los ataques violentos de todas las ideologías revolucionarias.

 

  • A partir del siglo XVII el “linealismo” y la concepción progresista de la historia se afirman cada vez más instaurando la fe en un progreso infinito, fe proclamada ya por Leibniz, dominante en el siglo de las luces y vulgarizada en el siglo XIX gracias al triunfo de las ideas evolucionistas. Fue menester esperar a nuestro siglo para que se esbozaran de nuevo ciertas reacciones contra el “linealismo” histórico y volviera a despertarse cierto interés por la teoría de los ciclos: así asistimos, en economía política, a la rehabilitación de las nociones de ciclo, de fluctuación, de oscilación periódica; en filosofía, Nietzsche pone de nuevo en la orden del día el mito del eterno retorno; en la filosofía de la historia, un Spengler, un Toynbee se dedican al problema de la periodicidad, etc.

 

  • Sorokin observa justamente que las teorías actuales sobre la muerte del universo no exluyen la hipótesis de la creación de un nuevo universo, o sea, algo parecido a la teoría del “Año Magno” de las especulaciones grecoorientales y al ciclo yuga del pensamiento hindú.

 

  • La formulación en términos modernos de un mito arcaico delata, por lo menos, el deseo de hallar un sentido y una justificación transhistórica a los acontecimientos históricos. Y así volvemos a la posición prehegeliana, quedando implícitamente en discusión la validez de las soluciones “historicistas”, de Hegel y Marx al existencialismo. Desde Hegel, en efecto, todo esfuerzo tiende a salvar y a valorar el acontecimiento histórico en cuanto tal, el acontecimiento en sí mismo y por sí mismo. “Si reconocemos que las cosas son tal y como son por necesidad, es decir, que no son arbitrarias ni constituyen el resultado de un azar, reconoceremos igualmente que deben ser como son”.

 

  • Todas las crueldades, aberraciones y tragedias de la historia han sido, y siguen siéndolo, justificadas por las necesidades del “momento histórico”. Es probable que Hegel no quisiera ir tan lejos, pero como estaba decidido a reconciliarse con su propio momento histórico se sentía obligado a ver en cada acontecimiento la voluntad del espíritu universal. Por esa razón consideraba “la lectura de los diarios matutinos como una especia de bendición realista de la mañana”. Para él, sólo el contacto diario con los acontecimientos podía orientar la conducta del hombre en sus relaciones con el mundo y con Dios.

 

  • Según Hegel, el destino de un pueblo conservaba todavía una significación transhistórica, porque toda historia revelaba una nueva y más perfecta manifestación del espíritu universal. Pero con Marx la historia se despoja de toda significación transcendente; no es más que la epifanía de la lucha de clases. ¿En qué medida semejante teoría podía justificar los sufrimientos históricos? Basta con interrogar, entre otras, a la patética resistencia de un Bielinski o de un Dostoievski, quienes se preguntaban cómo podrían rescatarse en la perspectiva de la dialéctica de Hegel y Marx todos los dramas de la opresión, las calamidades colectivas, las deportaciones, las humillaciones y las matanzas de que está plagada la historia universal.

 

  • La filosofía marxista coloca la edad de oro exclusivamente al final de la historia en vez de ponerla también al principio. Ahí está, para el militante marxista, el secreto del remedio al terror de la historia: así como los contemporáneos de una “edad oscura” se consolaban del acrecentamiento de los sufrimientos diciéndose que la agravación del mal precipita el rescate final, del mismo modo el militante marxista de nuestro tiempo advierte en el drama provocado por la presión de la historia un mal necesario, el pródromo del triunfo próximo que acabará para siempre con todo “mal” histórico.

 

  • El “terror a la historia” es cada vez más difícil de soportar en la perspectiva de las diversas filosofías historicistas. Dilthey reconocía que “la relatividad de todos los conceptos humanos es la última palabra de la visión histórica del mundo”. Heidegger se había ocupado de demostrar que la historicidad de la existencia humana impide abrigar cualquier esperanza de trascender el tiempo de la historia.

 

  • La justificación de un acontecimiento histórico por el simple hecho de ser un acontecimiento histórico, dicho de otro modo, por el simple hecho de que se produjo de ese modo, encontrará grandes dificultades para librar a la humanidad del terror que los acontecimientos le inspiran.

 

  • No hemos de decidir si los motivos del hombre arcaico antihistórico eran o no pueriles, o si semejante rechazo de la historia resultaba siempre eficaz. Un solo hecho cuenta, en nuestra opinión: que gracias a ese parecer decenas de millones de hombres han podido tolerar durante siglos grandes presiones históricas sin desesperar, sin suicidarse ni caer en la sequedad espiritual, que siempre acarrea consigo una visión relativista o nihilista de la historia.

 

  • El “historicismo” fue creado y profesado ante todo por pensadores que pertenecían a naciones para las cuales la historia jamás fue un terror continuo. Esos pensadores quizá hubieran adoptado otra perspectiva si hubiesen pertenecido a naciones señaladas por la “fatalidad de la historia”.

 

  • En un momento en que la historia podría aniquilar a la especie humana en su totalidad -cosa que  ni el cosmos, ni el hombre, ni la casualidad consiguieron hacer hasta ahora-, no sería extraño que nos fuese dado asistir a una tentativa desesperada para prohibir “los acontecimientos de la historia” mediante la reintegración de las sociedades humanas en el horizonte de los arquetipos y de su repetición.

 

  • La libertad de hacer la historia de que se jacta el hombre moderno es ilusoria para la casi totalidad del género humano. A lo sumo le queda la libertad de leegir entre dos posibilidades: 1ª, oponerse a la historia que hace esa limitada minoría (y en este caso tiene la libertad de elegir entre el suicidio y el destierro); 2ª, refugiarse en una existencia subhumana o en la evasión.

 

  • En realidad el horizonte de los arquetipos y de la repetición sólo puede ser superado impunemente mediante una filosofía de la libertad que no excluya a Dios. El cristianismo es la religión del hombre moderno y del hombre histórico, del que ha descubierto simultáneamente la libertad personal y el tiempo continuo. La existencia de Dios se imponía con mucha mayor urgencia al hombre moderno, para quien la historia existe como tal, como historia y no como repetición, que al hombre de las culturas arcaicas y tradicionales, quien, para defenderse del terror a la historia, disponía de todos los mitos, ritos y comportamientos…

 

  • Solamente presuponiendo el hombre la existencia de Dios conquista, por un lado, la libertad y, por otro, la certeza de que las tragedias históricas tienen una significación transhistórica. Toda otra situación del hombre moderno conduce, en última instancia, a la desesperación. Una desesperación provocada no por su propia existencialidad humana, sino por su presencia en un universo histórico, en el cual la casi totalidad de los seres humanos viven acosados por un terror continuo.
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~ por Alejandro Delgado en marzo 3, 2008.

6 comentarios to “El Mito Del Eterno Retorno IV: El Terror a la Historia”

  1. ¡Hola!
    Tengo que sacar un poco de tiempo para leer estos cuatro post. Parecen muy interesantes, pero el poco tiempo libre que tengo que ahora lo tengo que dedicar a otro tipo de “Mitos”…
    Por cierto, ya mudé el blog a http://lasombradelviajero.wordpress.com

  2. Jelous! En el tercer párrafo, haces un comentario sobre la “la teoría de los ciclos”. Parece bastante claro ver desde nuestra perspectiva actual, un claro ciclismo entre las épocas que, a grandes rasgos, pueden definirse (desde mi punto de vista) de la siguiente forma: Época clásica, razón (claridad, luz. Por añadir otros adjetivos), Edad Media, sentimientos, oscuridad, Renacimiento, vuelta a la razón, Barroco, oscurantismo depresión, Clasicismo, claridad despreocupación, etc.

    Sin embargo, a la hora de llegar a finales del siglo XX, comienzos del XXI, los teóricos (por lo que he leído) ni nadie, queda de acuerdo en definir estas últimas décadas de siglo y comienzos. ¿Estamos ante una nueva fluctuación de los valores que predominaron en la corriente anterior? o ¿Simplemente nos encontramos ante una época que nos vemos incapaces de definir confundida entre razón y sentimientos (e insisto en que esto es a grandes rasgos)? También he leído sobre que esto mismo es lo que caracteriza nuestra época, la indecisión, la mezcla de ideas y sensaciones. ¿Qué opinas?

    P.D.: porfa, lée esta entrada que he escrito (entrada sobre el Epitafio) y échame una mano con los modos que creo que me he hecho un lío entre modo griego y los del gregoriano.

  3. Gracias por vuestros comentarios. Contestando al tuyo, Mensurabilis, hay que tener en cuenta que el libro de Mircea Eliade fue editado en 1951, y algunos aspectos de los que habla podrían haber cambiado, pero aun así se puede entender que si hoy en día hemos roto con cualquier tipo de ciclo histórico y nos encontramos desubicados puede deberse precisamente a que hemos intentado eliminar los arquetipos y los mitos de nuestras vidas, en pro de una sociedad histórica. “El horizonte de los arquetipos y de la repetición sólo puede ser superado impunemente mediante una filosofía de la libertad que no excluya a Dios”.

  4. Ok, perdona mi torpeza, pero no me queda claro lo que el autor quiere decir con “una filosofía de la libertad que no excluya a Dios” (creo que le estoy dando otra interpretación).

  5. aaa hoOla!!!!! XD

  6. Alucinante blog. En Marzo comenzaré un ciclo en mi blog sobre El Nacimiento de la Tragedia, tal vez te interese.

    Tus contenidos seguramente me ayudarán a tener una mayor comprensión de esta idea del eterno retorno.

    Hasta pronto.

    Se despide,
    daorino
    mundodaorino.es

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