¿Hay música en el hombre? III
III: La Cultura y la Sociedad en la Música
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Encuentro difícil de aceptar que haya existido una tradición musical continua entre la Inglaterra de 1612 y la Rusia de 1893, en la cual ciertas figuras musicales hayan conservado las mismas connotaciones emocionales. La única justificación para tal argumento sería que la relevancia emocional de ciertos intervalos surge de rasgos fundamentales de la fisiología y la psicología humanas. Si eso fuera así, algunas relaciones entre intervalos musicales y sentimientos humanos deberían ser universales, y eso no es así.
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La música tonal entre 1400 y 1953 no puede aislarse como una entidad en sí misma, especialmente si el objetivo es relacionarla con las emociones humanas. El minueto no es sólo una forma musical tomada de la danza: posee asociaciones sociales y emocionales completamente distintas antes y después de la Revolución francesa.
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Desde la distancia, las formas, técnicas y materiales constructivos de la música parecen acumulativos, al estilo de una tradición tecnológica. Pero la música no es una rama de la tecnología, aunque los desarrollos tecnológicos la afecten. Se parece más a la filosofía, que puede transmitir también una impresión superficial de evolución.
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El disfrute artístico se “basa esencialmente en la reacción de nuestras mentes a la forma”. Pero las formas son producidas por mentes humanas cuyos hábitos de funcionamiento son, pienso, una síntesis de sistemas de operación dados, universales, y patrones culturales, adquiridos, de expresión. Puesto que tales patrones se adquieren siempre a través de -y en el contexto de- relaciones sociales y las emociones que se les asocian, el factor formador del estilo decisivo en cualquier intento de expresar sentimientos a través de la música ha de ser su contenido social.
John Blacking – ¿Hay Música En El Hombre? (Alianza)

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