El Mito Del Eterno Retorno II: La Regeneración del Tiempo

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  • En la mayor parte de las sociedades primitivas, el “Año Nuevo” equivale al levantamiento del tabú de la nueva cosecha, que de tal modo es proclamada comestible e inofensiva para toda la comunidad.

 

  • Cuando ocurre ese corte del tiempo que es el “Año”, asistimos no sólo al cese efectivo de cierto intervalo temporal, sino también a la abolición del año pasado y del tiempo transcurrido. Tal es, por lo demás, el sentido de las purificaciones rituales: una combustión, una anulación de los pecados y de las faltas del individuo y de la comunidad en su conjunto, y no una simple “purificación”. Es en realidad una tentativa de restauración, aunque sea momentánea, del tiempo mítico y primordial, del tiempo “puro”, el del “instante” de la creación.

 

  • La oportunidad misma de las orgías en los pueblos primitivos, de preferencia en los momentos críticos de la cosecha (cuando se sepultaban las semillas en la tierra), confirma dicha simetría entre la disolución de la “forma” en la tierra y la de las “formas sociales” en el caos orgiástico. El papel de la orgía en las sociedades agrícolas es mucho más complejo. Los excesos sexuales ejercían influencia mágica sobre la cosecha venidera.

 

  • Los escenarios del Año Nuevo en los cuales se repite la creación son más particularmente explícitos en los pueblos históricos, aquellos en los cuales comienza la historia propiamente dicha, es decir, los babilonios, egipcios, hebreos, iranios. Diríase que esos pueblos, conscientes de que eran los primeros en edificar la “historia” registraron sus propios actos para uso de sus sucesores. Esos mismos pueblos parecen, por lo demás, haber sentido de modo más profundo la necesidad de regenerarse periódicamente aboliendo el tiempo pasado y reactualizando la cosmogonía.

 

  • En cuanto a las sociedades “primitivas” que aún viven en el paraíso de los arquetipos y para los cuales el tiempo sólo está registrado biológicamente, sin que se le permita transformarse en “historia”, se regeneran periódicamente por la expulsión de los males y la confesión de los pecados. La necesidad que también esas sociedades sienten de una regeneración periódica es una prueba de que tampoco ellas pueden mantenerse sin cesar en lo que anteriormente llamamos el “paraíso de los arquetipos”, y de que su memoria consigue hallar la irreversibilidad de los acontecimientos, es decir, registrar la “historia”. También para esos pueblos primitivos la existencia del hombre en el cosmos se considera como una caída.

 

  • La idea de que la vida no puede ser reparada, sino tan sólo re-creada mediante la repetición de la cosmogonía, se ve claramente en los rituales de curación. En efecto, en muchos pueblos la curación lleva implícita como elemento esencial la narración del mito cosmogónico.

 

  • Lo que nos detiene principalmente en esos sistemas arcaicos es la abolición del tiempo concreto y, por tanto, su intención antihistórica. La oposición del hombre arcaico a aceptarse como ser histórico, a conceder valor a la “memoria” y por consiguiente a los acontecimientos inusitados. En todos esos ritos y en todas esas actitudes desciframos la voluntad de desvalorizar el tiempo.

 

  • Si no se le concede ninguna atención, el tiempo no existe; además, cuando se hace perceptible el tiempo puede ser anulado.

 

  • Como el místico, como el hombre religioso en general, el primitivo vive en un continuo presente, y es ése el sentido en que puede decirse que el hombre religioso es un “primitivo”.

 

  • El pensamiento primitivo tiene un carácter optimista. Ese optimismo se limita a la conciencia de la normalidad de la catástrofe cíclica, a la certeza de que tiene un sentido y, sobre todo, de que jamás es definitiva.

 

  • Una forma, sea cual fuere, por el hecho de que existe como tal y dura, se debilita y se gasta; para retomar vigor le es menester ser reabsorbida en lo amorfo, aunque sólo fuera un instante; ser reintegrada en la unidad primordial de la que salió; en otros términos, volver al “caos” (en el plano cósmico), a la “orgía” (en el plano social), a las “tinieblas” (para las simientes), al “agua” (bautismos en el plano humano), “Atlántida” en el plano histórico, etc.

 

  • El “primitivo”, al conferir al tiempo una dirección cíclica, anula su irreversibilidad. Todo recomienza por su principio a cada instante. El pasado no es sino la prefiguración del futuro. Ningún acontecimiento es irreversible y ninguna transformación es definitiva. Nada nuevo se produce en el mundo, pues todo no es más que la repetición de los mismos arquetipos primordiales. Hegel afirmaba que en la naturaleza las cosas se repiten hasta lo infinito y que “no hay nada nuevo bajo el sol”.

 

  • Durante un lapso bastante extenso la humanidad se opuso por todos los medios a la “historia”. Durante ese período la humanidad permaneció en la naturaleza. “Sólo el animal es verdaderamente inocente”, escribió Hegel.

 

  • ¿Es lícito ver, en esta tendencia a la purificación, la nostalgia del paraíso perdido de la animalidad? ¿O es más bien menester percibir en ese deseo de no tener “memoria”, de no registrar el tiempo y de contentarse sólo con soportarlo como una dimensión de la existencia, la sed del primitivo por lo “óntico”, su voluntad de ser, como son los seres arquetípicos, cuyas acciones reproduce sin cesar?

 

  • Tenemos motivos para creer que en los “primitivos” la nostalgia del paraíso perdido elimina el deseo de recuperar el “paraíso de la animalidad”. Todo lo que sabemos acerca de los recuerdos míticos del “paraíso” nos ofrece, por el contrario, la imagen de una  humanidad ideal que goza de una beatitud y de una plenitud espiritual que, en la condición actual del “hombre caído”, jamás podrán realizarse.

 

  • El deseo que experimenta el hombre de las sociedades tradicionales de rechazar la “historia” y de unirse a una imitación indefinida de los arquetipos, delata su sed de realidad y su terror a “perderse” si se dejan invadir por la insignificancia de la existencia profana. Poco importa si las fórmulas y las imágenes, a través de las cuales el “primitivo” expresa la realidad, nos puedan parecer infantiles e incluso ridículas. Lo que es relevador es el sentido profundo del comportamiento primitivo: la creencia en una realidad absoluta que se opone al mundo profano de las “irrealidades”. Esfuerzo desesperado por no perder el contacto con el ser.

 

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~ por Alejandro Delgado en marzo 2, 2008.

2 comentarios to “El Mito Del Eterno Retorno II: La Regeneración del Tiempo”

  1. Rápate la cabesa

  2. esta muy interesante

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