El Mito Del Eterno Retorno III: Desdicha e Historia

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  • ¿Qué podrían significar en el cuadro de semejante existencia “primitiva” el padecimiento y el dolor? En ningún caso una experiencia desprovista de sentido que el hombre no puede soportar en la medida en que es inevitable, como soporta, por ejemplo, los rigores del clima. Su padecimiento tenía un sentido.

 

  • El gran mérito del cristiano, frente a la antigua moral mediterránea, fue haber valorado el sufrimiento: haber transformado el dolor, de estado negativo, en experiencia de contenido espiritual “positivo”.

 

  • El primitivo no puede concebir un sufrimiento no provocado; éste proviene de una falta personal o de la maldad del vecino, pero siempre hay una falta en la base; o por lo menos una causa identificada en la voluntad del Dios Supremo olvidado, a quien el hombre se ve obligado a dirigirse en última instancia. En cada uno de los casos, el sufrimiento se hace coherente y por consiguiente llevadero. Se soporta moralmente, porque no es absurdo.

 

  • Los profetas judíos, por vez primera, valoran la historia, y descubren un tiempo de sentido único. Este descubrimiento no será inmediata y totalmente aceptado por la conciencia de todo el pueblo judío, pero por vez primera se ve afirmarse y progresar la idea de que los acontecimientos históricos tienen un valor en sí mismos, en la medida en que son determinados por la voluntad de Dios.

 

  • Esta idea fue seguida y ampliada por el cristianismo. Podemos incluso preguntarnos si el monoteísmo, fundado en la revelación directa y personal de la divinidad, no trae necesariamente consigo la “salvación” del tiempo, su “valoración” en el cuadro de la historia.

 

  • Israel intenta “salvar” los acontecimientos históricos considerándolos como manifestaciones activas de Yahvé. Mientras que, por ejemplo, para las poblaciones mesopotámicas los sufrimientos individuales o colectivos eran soportados en la medida en que formaban parte del drama cósmico (desde siempre y ad infinitum la creación iba precedida por el caos y tendía a reabsorberse en él).

 

  • El mesianismo confiere un valor nuevo, aboliendo ante todo la posibilidad de repetición ad infinitum. Cuando llegue el Mesías, el mundo se salvará de una vez por todas y la historia dejará de existir. En este sentido se puede hablar no sólo de una valoración escatológica del futuro, de “ese día”, sino también de la “salvación” del devenir histórico. La historia no aparece ya como un ciclo que se repite hasta lo infinito, como la presentaban los pueblos primitivos, sino como una sucesión de teofanías “negativas” o “positivas”, cada una de las cuales tiene su valor intrínseco.

 

  • Para las capas populares, en particular para las comunidades agrarias, la antigua concepción religiosa era preferible; los mantenía m ás cerca de la “vida” y los ayudaba por lo menos a soportar la historia. La voluntad inquebrantable de los profetas mesiánicos de mirar la historia de frente y de aceptarla como un aterrador diálogo con Yahvé; su voluntad de hacer fructificar moral y religiosamente las derrotas militares y de soportarlas porque eran consideradas como necesarias para la reconciliación de Yahvé con el pueblo de Israel… Exigía una tensión espiritual demasiado fuerte, y la mayoría de la población israelita rehusaba someterse a ella.

 

  • En tanto que para todo el mundo paleosemítico el sacrificio, a pesar de su función religiosa, era únicamente una costumbre, un rito cuya significación era perfectamente inteligible, en el caso de Abraham es un acto de fe. Abraham no comprende por qué se le pide dicho sacrificio, y sin embargo lo lleva a cabo porque se lo ha pedido el Señor. Por ese acto, en apariencia absurdo, Abraham funda una nueva experiencia religiosa, la fe.

 

  • En la concepción mesiánica la historia debe ser soportada porque tiene una función escatológica, pero sólo puede ser soportada porque se sabe que algún día cesará. La historia es así abolida, no por la conciencia de vivir un eterno presente, ni por medio de un ritual periódicamente repetido, sino abolida en el futuro.

 

  • Las especulaciones hindúes sobre el tiempo cíclico ponene de manifiesto el “rechazo de la historia”, sin embargo, hay una diferencia fundamental entre ellas y las concepciones arcaicas; en tanto que el hombre de las culturas tradicionales rechaza la historia mediante la abolición periódica de la creación, reviviendo de ese modo sin cesar en el instante atemporal de los comienzos, el espíritu hindú, en sus tensiones supremas, desprecia y rehúsa esa misma reactualización del tiempo auroral, al que ya no considera como una solución eficaz del problema del sufrimiento.

 

  • Para el cristiano la historia puede ser regenerada también, por cada creyente en particular y a través de él, aún antes de la segunda llegad del Salvador, en que cesará de manera absoluta para toda la creación. La tradición evangélica deja entender que basileia tou deou está ya presente entre los que creen, y que por consiguiente el illud tempus es eternamente actual y accesible a cualquiera, en cualqueir momento, por metánoia.

 

  • La historia puede ser abolida, y por consiguiente renovada, un número considerable de veces antes de la realización del eskaton final. El año litúrgico cristiano está, por lo demás, fundado en una repetición periódica y real de la natividad, de la pasión, de la muerte y de la resurrección de Jesús, con todo lo que ese drama místico implica para un cristiano.

 

  • El momento histórico, a pesar de las posibilidades de evasión que presenta para los contemporáneos, no puede ser, en su totalidad, sino trágico, patético, injusto, caótico, etc., como debe ser cualquier momento histórico precursor de la catástrofe final. Este es un rasgo común a todos los sistemas cíclicos difundidos en el mundo helenista-oriental.

 

  • Sólo San Agustín se esforzaba por demostrar que nadie podía conocer el instante en que Dios decidiría poner fin a la historia, y que, en todo caso, aun cuando las ciudades tuviesen por su propia naturaleza una duración limitada, por ser la de Dios la única “ciudad eterna”, ningún destino astral podía decidir la vida o la muerte de una nación. El pensamiento cristiano tendía así a superar definitivamente los viejos temas de la eterna repetición, del mismo modo que se había esforzado por superar todas las demás perspectivas arcaicas mediante el descubrimiento de la importancia de la experiencia religiosa de la fe y la del valor de la personalidad humana.

 

 

 

 

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~ por Alejandro Delgado en marzo 3, 2008.

Una respuesta to “El Mito Del Eterno Retorno III: Desdicha e Historia”

  1. En el cuarto párrafo has escrito “profestas” en lugar de “profetas” , súmbale correccioncilla powa

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