¿Hay música en el hombre? I

portada.jpg Capítulo I: Sonido humanamente organizado.

      

  • La música nunca puede entenderse como una cosa en sí misma, y toda música es música popular, en la medida en que, sin asociaciones entre las personas, no se puede transmitir ni dotar de sentido.

    

  • Los creadores de música “clásica” no son de manera innata más sensibles o inteligentes que los músicos “populares”. Sencillamente, las estructuras de su música expresan, por procedimientos similares a los de la música venda, los sistemas de interacción entre las personas que viven en sus sociedades, numéricamente más amplios, así como las consecuencias de una mayor división del trabajo y una tradición tecnológica acumulativa.

    

  • Si todos los miembros de una sociedad africana son capaces de ejecutar y escuchar de manera inteligente su propia música nativa, y si esa música no escrita, una vez analizada en su propio contexto sociocultural, muestra una variedad de efectos similar sobre las personas y tiene su fundamento en los mismos procesos intelectuales y musicales que hallamos en la llamada música “culta” europea, debemos preguntarnos por qué aptitudes musicales aparentemente generales deberían verse restringidas a unos pocos elegidos, precisamente en sociedades que se tienen por culturalmente más avanzadas. ¿Representa el desarrollo cultural un verdadero avance en sensibilidad humana y capacidad técnica, o es más que nada una diversión para las élites y un arma de explotación de clase? ¿Debe la mayoría tornarse “amusical” para que unos pocos se vuelvan más “musicales”?

  

  • Siempre ha habido públicos que escuchan la música con escasa atención, y en una sociedad que ha inventado la notación, la música puede transmitirse dentro de una élite hereditaria sin necesidad de oyente alguno. Pero si adoptamos las tradiciones musicales carentes de notación, resulta claro que la creación y la ejecución de la mayor parte de la música obedece fundamentalmente a la capacidad humana para descubrir patrones de sonido e identificarlos en ocasiones posteriores. En sociedades donde la música no se escribe, la escucha informada y precisa es tan importante y reveladore de la aptitud musical como la ejecución misma, puesto que supone el único medio de asegurar la continuidad de la tradición.

    

  • La música es sonido humanamente organizado: orden sonoro. El orden sonoro puede ser creado de forma incidental como resultado de principios de organización no musicales o extramusicales, como por ejemplo la selección de agujeros sobre una flauta o de trastes sobre un instrumento de cuerda. Si un compositor me dice que no debo esperar escuchar ningún orden “en las notas”, pero que puedo observarlo en los modelos de círculos y conos que se le dan a los ejecutantes, o en los números que se les proporcionan a una máquina, puedo llamar al ruido resultante magia reaccionaria antes que música de vanguardia; pero no podré exluirlo de cualquier estimación de la musicalidad humana.

    

  • Aun cuando el significado de la música descanse en último término “en las notas” que percibe el oído humano, puede haber varias interpretaciones posibles de la estructura de un determinado patrón sonoro, así como un número casi infinito de respuestas individuales a dicha estructura, dependiendo del entorno cultural y el estado emocional de sus oyentes en un momento dado. De todos modos, el número de interpretaciones estructurales posibles puede reducirse en gran medida cuando el sistema musical de un compositor o una cultura singulares se examina en su contexto cultural total. Aun cuando un sistema está claramente articulado, una explicación estructural en términos de dicho sistema puede ser incompleta. Por ejemplo, sabemos mucho sobre la teoría y la práctica de la armonía en la música “culta” europea del siglo XIX, pero cuando analizamos la música de Hector Berlioz es útil saber que a menudo elaboraba los procedimientos armónicos sobre una guitarra, y que la estructura de este instrumento tuvo una gran influencia en sus secuencias de acordes.

   

  • No podemos seguir estudiando la música como una cosa en sí misma cuando la investigación etnomusicológica deja claro que las cosas musicales no son siempre estrictamente musicales, y que la expresión de relaciones tonales en patrones de sonido puede resultar secundaria respecto a las relaciones extramusicales que representan las notas.

   

  • Podemos estar de acuerdo en que la música es sonido organizado en patrones aceptados socialmente; que la actividad musical puede contemplarse como una forma aprendida de conducta; y que los estilos musicales se basan en aquello que los seres humanos han decidido tomar de la naturaleza como parte de su expresión cultural, más que en aquello que la propia naturaleza les ha impuesto. Pero la naturaleza de la que el hombre extrae sus estilos musicales no es externa a él. Incluye su propia naturaleza, sus capacidades psicofísicas y las maneras en que dichas capacidades han sido estructuradas por sus experiencias con personas y cosas, las cuales forman parte del proceso adaptativo de la maduración en la cultura.

   

John Blacking – ¿Hay Música En El Hombre? (Alianza)

Interesante reseña en: http://www.opusmusica.com/015/blacking.html

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~ por Alejandro Delgado en marzo 26, 2008.

Una respuesta to “¿Hay música en el hombre? I”

  1. Es un libro fantástico, me has hecho recordar el texto con estas citas. Lo volveré a leer en verano.

    Saludos

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