La Desaparición del Arte

      “Si las artes están desapareciendo como prácticas intelectuales relevantes y como aportaciones de significados reales es porque ya no son necesarias; y no lo son gracias al extraordinario proceso de acumulación de poder puro en el que ha entrado el mundo tecnológico en los últimos treinta años. En lugar de “decaer”, el complejo cristiano-militar crece más de prisa que nunca. El abismo que separa nuestra cultura de las restantes culturas es ya infranqueable. Todavía en 1968, no hace ni treinta años, África, buena parte de Asia, el mundo islámico, la América Central y caribeña, tenían una existencia casi humana en los medios de formación de masas. En la actualidad se han convertido en depósitos de cadáveres y laboratorios donde los reporteros transforman niños moribundos en premios Pulitzer.

      La ausencia de problemas reales en la pujante cultura tecnológica, o el carácter ficticio y coyuntural de los problemas aceptados y consensuados (marginación, exclusión, desempleo, racismo, analfabetismo, criminalidad), comparados con los problemas que están destruyendo a los países que sí tienen problemas reales, hacen perfectamente prescindibles las prácticas artísticas, las cuales se ven reducidas a un uso simbólico inventado en el ochocientos y que consiste en colocar grandes máquinas “modernas” (es decir: neutras, sin significados ni símbolos comprensibles) en los lugares controlados por las poderosas burocracias culturales.

      Es inútil protestar, patalear, burlarse o llorar, lo cierto es que ya sólo la administración pública se ocupa del arte y de la religión. Si no fuera por las subvenciones estatales, el arte y la religión ocuparían un territorio similar al de la filatelia. Y el Estado subvenciona porque su existencia, unida a su ineficacia, convierte al arte y a la religión en cómodas herramientas de control. Y así como el burócrata eclesiástico está obligado a afirmar su fe en Dios, el burócrata artístico debe afirmar su fe en el Arte. Sólo ellos tienen esa fe porque sin ellos no habría exposiciones de arte contemporáneo, ni  música de vanguardia, ni cine, ni teatro, ni arquitectura experimental, ni recitales de poetas jóvenes, artistas todos ellos que viven (cuando viven) al amparo de un ayuntamiento, una comunidad autónoma o un ministerio. Cuando no hay celebraciones administrativas, el vacío de los espacios “culturales” y el vacío de las iglesias se disimula con idéntico placebo: el turismo.

      A veces, la mala interpretación que nos persigue se convierte en un lamento. Algunos pintores, escultores, arquitectos, cineastas, músicos y poetas se lamentan de que demos por acabado el Arte. No se lamentarían si pudieran en verdad significar algo socialmente comprensible y aceptable con sus pinturas, músicas, edificios o poemas, pero no alcanzando a significar absolutamente nada, se lamentan de que los comentaristas no añadamos a sus obras aquellos que ellos han sido incapaces de imaginar. Pero las prácticas siguen abiertas. Y de haber algún significado potente, de aparecer una simbolización convincente, de inventarse un modo de habitar, de presentarse una imagen de nosotros mismos cargada de valor, no somos los comentaristas quienes daremos cuenta de la misma, será la clientela quien lo haga. Y si la clientela de momento prefiere ver la televisión es porque no necesita nada más: está acumulando poder y le sobran todas las representaciones simbólicas y demás zarandajas. El ciudadano bien integrado ha de concentrarse en el puro trabajo militarizado y mantener la cabeza convenientemente vacía. Un soldado entrenado para utilizar máquinas muy potentes y peligrosas (aunque sólo sea el control remoto de la televisión) no debe pensar. Pensar puede provocarle la ruina.

      Ello no quiere decir que deba interrumpirse toda práctica artística. Bien venida sea toda práctica artística. Es más: yo creo perfectamente imposible interrumpir las prácticas artísticas. ¿Cómo justificaría sus vacaciones, la ocupación de la mañana del domingo, su identidad nacional, el regalo del día de la madre, la excursión a las iglesias del Pirineo leridano, las páginas culturales del periódico, el Premio Príncipe de Asturias, el disco de los tres tenores, la Santa Cena de encima de la cama o el Guernica del cuarto de los críos, un ciudadano a quien amputaran la existencia de las prácticas artísticas? Y lo que es aun peor: ¿cómo justificaría la existencia misma de nuestra sociedad alguien a quien negaran toda referencia a las artes? Si no somos “artísticos”, entonces, ¿qué somos? ¿Voraces rapiñadores de todo cuanto caiga fuera de nuestra propiedad? Ser artísticos, para buena parte de nuestro mundo equivale a decir que somos máquinas de destrucción capaces, sin embargo, de pintar bellas acuarelas en el lugar destruido o escribir interesantes relatos sobre las curiosas costumbres de los muertos.

      Sigan, pues, las prácticas artísticas, ya que tampoco es cierto que pueda demostrarse que no se va a producir una explosión de significados magníficos. Pero practíquense con la conciencia bien despierta, pues en cualquier momento podemos comenzar a ver lo que se nos viene encima y entonces habrá tal avalancha de símbolos como para que todo el mundo se haga su propio arte. Eso contando con que quede mundo.”

 

-Félix de Azúa: Diccionario de las Artes-

Anuncios

~ por Alejandro Delgado en abril 6, 2008.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: