Arquitectura

Koyaanisqatsi 

 

      En tanto que arte, la arquitectura crea los lugares habitables, allí en donde los mortales instalan su morada, para lo cual el espacio debe cubrirse de significación. Pero en cuanto profesión técnica, la arquitectura construye edificios y ciudades con fines prácticos. La tensión entre ambas caras del término, la artística y la profesional, es una constante de los dos últimos siglos, a partir de la creación de las Escuelas Técnicas. Puede decirse que la tensión se está resolviendo a gran velocidad en favor de la profesión y de la construcción de edificios y ciudades con fines económico-sociales, como es el almacenamiento de las masas urbanas en lugares controlables.

      […] Sobre la franja de Gaza puede alzarse una edificación determinada por las presiones de los burócratas, de las empresas constructoras, de la explotación económica, o incluso de las pulsiones sexuales de algún arquitecto telemático. O bien puede alzarse un lugar habitable en el que cualquiera pueda leer la terrible peripecia que ha situado allí a sus habitantes como recién llegados, y la esperanza que les hace ser protagonistas de ese avatar. En el primer caso hablaremos de arquitectura profesional; en el segundo de arte arquitectónico. Pero nadie sabe cuándo aparece lo uno o lo otro. No puede preverse.

      Contra el arte de la arquitectura suelen emplearse argumentos que hablan de la urgencia con la que debe darse techo a las pobres gentes, etc. Pero es un argumento que sólo aparece cuando ya ha comenzado a trabajar la empresa constructora. Nunca antes. La empresa constructora siempre tiene prisa. Los resultados suelen ser apresurados.

      […] En su grado elemental, la arquitectura ha de emplearse en la construcción de casas. He aquí la definición científica de casa según Alexandre Vialatte:

      “Una casa es un bloque de piedra en el que se penetra a través de unos agujeros y se circula luego por sus laberintos; en ella se encuentran toda clase de grutas, cavernas y sorpresas, lugares inhabitables y huecos de escalera; profundas cavas, graneros asfixiantes y rimeros repletos de conservas. Alrededor hay  un gran jardín con espesos castaños, un surtidor y peces rojos; sin contar con un perro tronado que no muerde a los ladrones […] En la casa los fantasmas se sienten a gusto; tienen sus rutinas y habitan en las buhardillas. El vino no se guarda en la nevera sino en la bodega. Los quesos son excelentes. Es un asilo para los ancianos y un paraíso para los críos. Es casi indispensable que en la cubierta figure una veleta […] En invierno, la casa cruje bajo el embate de la tormenta y los niños se duermen temiendo al lobo feroz con un suño absolutamente humano, saturado de irracionalidad, pesadillas y temores estacionales.”

      Está claro que cada vez hay menos casas, y por lo tanto cada vez menos arquitectura.

      John Brinckerhoff Jackson, historiador del paisaje en la Universidad de Harvard, defiende la espiritualidad de los paisajes aparecidos en zonas de dominio automovilístico: los almacenes-restaurante, las grandes superficies comerciales, los poblados móviles, los aparcamientos de camiones, o los polígonos de almacenamiento industrial. Es un conjunto de objetos que también han tratado de dignificar algunos miembros del Pop Art y cierto cine, como el de Jim Jarmusch, con más ironía que inocencia.

      La asunción de los espacios creados por el motor de gasolina, la industria del ocio y los medios de comunicación de masas puede ser un acto de obcecación que intenta hacer de la necesidad virtud, ya que tales espacios generalmente carecen de un elemento esencial para ser arquitectura: el libre juego de la imaginación proponiendo una simbología que no dependa de la mera necesidad económica y funcional. Todo lo más, habría que tomarlos como azarosas acumulaciones de aluvión cuyo pintoresquismo puede también encontrarse en el sistema de trincheras de la línea Maginot, los campos de exterminio o los vertederos industriales.

      […] De ser estos los nuevos lugares significativos, aquellos que exponen nuestro modo de habitar la tierra en la actualidad, entonces la arquitectura ya no posee ninguna función artística o significadora. Y no es posible olvidar, aunque Jackson seguramente lo ignora, que Hitler afirmaba ser el más grande arquitecto de su tiempo porque había inventado y construido las primeras autopistas europeas. Podríamos afirmar que ya no hay arquitectura. Sólo peritajes de almacenamiento rentable.

      He aquí las cualidades que en grado eminente deben adornar a un arquitecto, según Vitrubio: “debe saber escribir correctamente, ha de ser experto en dibujo y sabio en geometría, debe conocer muchas historias y sucedidos, ha de escuchar atentamente a los filósofos, ha de conocer la música y algo de medicina, así como leyes, y desde luego ha de saber leer en los astros y estar familiarizado con el sistema celeste”. 

      En efecto, esas debieran ser las virtudes de un arquitecto. […] Pero no parecen ir en esa dirección las novedades educativas contemporáneas. Los actuales estudios de arquitectura crean ingenieros del almacenamiento humano. Porque así es nuestra habitación del mundo.

 

 –Félix de Azúa: Diccionario de las Artes

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~ por Alejandro Delgado en abril 7, 2008.

3 comentarios to “Arquitectura”

  1. Yo he tenido cierto contacto indirecto con la Escuela de Arquitectura de Granada y desde luego sus estudiantes son todo lo contrario de lo que describe Azúa.
    No sé si los estudios de arquitectura consiguen robotizar a los licenciados, pero recién salidos de la carrera (y durante ella) son gente con ideas lo más paranóico, xD.

  2. Hombre, no sé de arquitectura ni conozco personalmente a muchos arquitectos como para juzgar, pero me fío de Félix de Azúa, que precisamente es profesor de Estética en la Escuela de Arquitectura de Barcelona.

    Voy a pasarme por tu blog, a ver si hay novedadesssss. Hasta luego!

  3. No es punto de cruz es “petit point”

    >:P

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