Las hemorroides y resacas de Schumann

 

      Los compositores mueren de maneras peculiares. Lully golpeó su dedo del pie tan fuerte con su bastón para dirigir que se le gangrenó. A Alkan no lo mató una estantería, como cuenta la leyenda, sino un paragüero que se le cayó encima. Granados se hundió con un barco que fue torpedeado durante la I Guerra Mundial. Webern, mientras vivía en Berlín en 1945, desobedeció el toque de queda saliendo de su casa por un cigarro y fue disparado.

      El pobre Robert Shumann halló un destino mucho, mucho peor que los anteriores. Su enfermedad terminal -descrita con cruel detalle en la biografía de John Worthen- le sometió a una tortura tan extrema que difícilmente puedes soportar pasar las páginas.

      Schumann siempre será un personaje complicado de valorar. Una vez aclamó al joven Frédéric Chopin con las palabras: “Para quitarse el sombrero, señores, un genio!”. Y él mismo era también un genio, pero no de la variedad por la que se arrojan sombreros.

      Hay muchas piezas de Schumann en las cuales el espíritu de la inspiración desciende y entonces revolotea, a veces durante unos pocos segundos. Hay pasajes en la la 1ª Sonata para Piano donde el solista suena como si hubiera sufrido un lapso de memoria y estuviera improvisando frenéticamente; incluso en obras maestras como el Concierto para Piano parte de la emoción procede del sentimiento de que el compositor puede perder el control de su material en cualquier momento.

      Los estudiosos han supuesto tradicionalmente que la irregularidad en la producción de Schumann refleja el progreso de una lenta enfermedad mental que le condujo a la muerte en un manicomio a la edad de 46 en 1856. Worthen, un profesor de la Nottingham University, está decidido a eliminar el diagnóstico de locura, y reemplazarlo por uno de bebida desmesurada y sífilis. De hecho, este es el propósito de esta biografía bien escrita. “Este es un libro sobre la vida que llevó Schumann, no sobre la música que escribió”.

      No bromea sobre dejar la música a un lado: la composición del milagroso Quinteto para Piano es tratada de paso, como si la música fuera uno de los hobbies de Schumann. En comparación, apenas ni una defecación queda sin registrar.

      “Schumann había tenido hemorroides en Dorpat, en febrero [1844] y el extreñimiento y las hemorroides hacen un mal juego juntas”. Gracias profesor. ¿Podría eso explicar la cualidad algo tensa de la escritura de Schumann en la época?

       La opinión ortodoxa nos dice que incluso las creaciones adolescentes del compositor muestran signos de un maníaco-depresivo. Worthen encuentra otra explicación en los apuntes del diario de Schumann en sus años de estudiante en Leipzig: “resaca”, “resaca espantosa”, “resaca terrible”, “resaca total”, “resaca realmente atroz”, “martillo de hierro en mi cabeza”, “peor resaca de mi vida, como si me estuviese muriendo”.

      La evidencia está menos clara respecto a los síntomas que llevaron al Schumann de mediana edad a intentar ahogarse en el Rin poco antes de ser enviado al manicomio. Empezó a oir música, tan maravillosa al principio que garabateó lo que los ángeles le estaban dictando; pero entonces los ángeles se volvieron demonios cuyas retorcidas melodías hicieron a Schumann gritar de dolor.

      En el asilo, las voces le dijeron que estaba navegando el mar Ártico; le persuadieron de jugar al dominó sin cesar y de hacer listas de ciudades y ríos. Sus manos se movían sobre las teclas del piano entre espasmos y sacudidas. Estaba convencido de que sus doctores le daban de comer excremento.

      El intento de Worthen de demostrar que Schumann estaba sufriendo sífilis en vez de esquizofrenia va demasiado lejos. Me recordó a una biografía del rey George III que sostenía que éste sufría porfiria y por lo tanto no estaba loco. ¿Ah no? Pensaba que si terminas estrechando la mano con los árboles (como el rey) o discutiendo con ángeles (como Schumann) entonces estás chiflado, sea cual sea la causa.

      Además, la creencia de Worthen de que Schumann estaba cuerdo hasta la década de 1850 centra al menos su atención en las obras de esos últimos años -en particular el mal tratado Concierto para Violín, una de las músicas más inquietantes y profundas jamás escritas.

      Para Worthern, el espectral temblor del solista es simplemente una característica del estilo maduro de Schumann. Pero reto a cualquiera con una mente abierta a escucharlo y no darse cuenta de que algo va a salir horriblemente mal.

 

Damian Thompson reviews Robert Schumann: Life and Death of a Musician by John Worthen

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~ por Alejandro Delgado en abril 17, 2008.

5 comentarios to “Las hemorroides y resacas de Schumann”

  1. Vaya, reconozco que mi falta de conocimiento en el tema habría hecho que dejara de leer en el primer párrafo y dedicara horas a mi gran amiga la señorita Wiki (que no se casa con nadie pero toca todos los palos). Superado el primer escollo me he encontrado con un texto increíble, ¿el palo? ¡¡Cuando he visto que no era tuyo!! Veo que el blog no va exactamente de eso, pero, ¿por qué no aderezas estas entradas con una visión personal?
    Un saludo.

    PD.: Lo siento, entro al blog, me decido a dejar un comentario y encima voy y acabo en una crítica… ¡soy lo peor! :P

  2. Robe robeee… Bienvenido.

    Ahora te tengo que dar una pequeña patadita quejándome de que tu perfil de bloguero se nos presente con un texto de Girondo en vez de tuyo.

    Pero haya paz! te seguiré de cerca en el mundo bloguero. Hasta luegooo

  3. Ains, hace poquito que ha cambiado pero es lo que tiene que el blog sea tan personal. :)

    PD.: Que alegría, ¡ver que alguien reconoce el poema!

  4. Te equivocas. Shumann padecía de trastorno bipolar, y no de “esquizofrenia”. Ambas son enfermedad muy distiantas. El tratorno bipoalr sin tratameinto explica sus cambios de humor, su intentos de suicidio, sus episodios psicóticos recurrentes, y su posterior emperoramiento. Por supuesto, también sufría de sífilis

  5. Querría saber en profundidad sobreel concierto para violín de robert schumann,alguien me puede ayudar?

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