Museos asesinos II: el retorno

      La desmuseificación es una vuelta más en la espiral de la artificialidad. Ejemplo de ello, el claustro de Sant Miquel de Cuixà que va a ser repatriado, con grandes gastos, desde los Cloisters de New York para reinstalarlo en su lugar de origen… Y todo el mundo aplaude esta restitución (como en la “operación experimental de reconquista de las aceras” de los Campos Elíseos). Así, si la exportación de los capiteles fue, efectivamente, un acto arbitrario, si, en efecto, los Cloisters de New York son un mosaico artificial de todas las culturas (según la lógica de la centralización capitalista del valor), la reimportación a los lugares de origen es aún más artificial: constituye el simulacro total que recupera la “realidad” mediante una circunvolución completa.

      Vista la cosa en profundidad, sería mejor que el claustro permaneciera en New York, aquél es su lugar, en un ambiente simulado, una especie de Disneylandia de la escultura y de la arquitectura que por lo menos no engaña a nadie. Repatriarlo no es más que un subterfugio suplementario para poder actuar como si nada hubiera ocurrido y gozar de la alucinación retrospectiva. Una mistificación más honda todavía.

      Los americanos se vanaglorian de haber hecho posible que la población india vuelva a ser la misma que antes de la conquista. Como si nada hubiera sucedido. Se borra todo y se vuelve a empezar. La restitución del original difumina la exterminación. Incluso llegan a presumir de mejoras, de sobrepasar la cifra original. He aquí la prueba de la superioridad de la civilización: llegará a producir más indios de los que estos mismos eran capaces de producir. Por una siniestra irrisión, tal superproducción es una forma más de exterminio: la cultura india, como toda cultura tribal, se apoya en la limitación del grupo y en el rechazo de todo crecimiento demográfico “libre”, como puede apreciarse en Ishi. Se da, pues, ahí, en la promoción “libre” de los indios por parte de los americanos, un contrasentido total, un paso más en la exterminación simbólica.

      De este modo, por todas partes vivimos en un universo extrañamente parecido al original -las cosas aparecen dobladas por su propia escenificación, pero este doblaje no significa una muerte inminente pues las cosas están en él ya expurgadas de su muerte, mejor aún, más sonrientes, más auténticas bajo la luz de su modelo, como los rostros de las funerarias.

      Disneylandia con las dimensiones de todo un universo.

 

-Jean Baudrillard-

Cultura y Simulacro (1978)

~ por Alejandro Delgado en septiembre 11, 2008.

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