Cartas muertas de amigos muertos

      

         La misma cultura literaria, hasta el reciente logro de la alfabetización general, ha acarreado unos efectos fuertemente selectivos. Ha fraccionado profundamente sus sociedades de patronos, ha abierto entre los hombre letrados y los iletrados una fosa cuyo carácter insalvable estuvo a punto de alcanzar la dureza de una verdadera diferenciación de especies. […] Cabría entonces definir a los hombres de otros tiempos como aquellos animales de los cuales unos leen y saben escribir, y los otros no. De aquí sólo hay un paso -si bien uno muy ambicioso- hasta la tesis de que los hombres son animales de los cuales unos crían a sus semejantes, mientras que los otros son criados: una idea que desde las reflexiones de Platón sobre la educación y el Estado forma parte del folclore pastoral europeo.

        […] El pastor platónico solamente puede ser un guardián de hombres digno de crédito porque representa la imagen terrenal del único y originario pastor verdadero, el dios, que en la época anterior, bajo el gobierno de Cronos, había custodiado directamente a los hombres. No hay que olvidar que también para Platón el dios es el único e indiscutible guardián y criador originario de los hombres. Pero como ahora, después de la revolución (metabole) y bajo el nuevo gobierno de Zeus, los dioses se han retirado dejando en manos del hombre la preocupación de custodiarse a sí mismo, el sabio queda como el más digno guardián y criador, pues él es quien tiene más vivo el recuerdo de las celestes visiones de lo mejor. Sin el ideal del sabio, el cuidado del hombre por el hombre sería una pasión vana.

        Dos milenios y medio después de Platón, parece como si hoy no sólo se hubiesen retirado los dioses, sino también los sabios, dejándonos a solas con nuestra escasa sabiduría y nuestros conocimientos a medias. En lugar de los sabios nos han quedado sus escritos, de opaco brillo y oscuridad creciente. Ahí los tenemos aún, en sus ediciones más o menos accesibles: todavía los podríamos leer, si tan sólo supiéramos por qué habríamos de hacerlo. Su destino es estar colocados en silenciosas estanterías como las cartas acumuladas de un correo que ya no se recoge: fieles o engañosas copias de un saber en el que hoy no conseguimos ya creer, enviadas por autores de los que ya no sabemos si todavía pueden ser amigos nuestros.

        Unos objetos postales que ya no se reparten dejan de ser envíos a amigos posibles: se transforman en objetos archivados. También esto, es decir, que los libros canónicos de antaño poco a poco hayan ido dejando de ser cartas a los amigos y que ya no reposen en las mesillas de noche, ni en las de día, de sus lectores, sino que se hayan sumido en la atemporalidad de los archivos, esto también le ha quitado al movimiento humanista la mayor parte del empuje que tuvo una vez. Los archiveros bajan cada vez con menos frecuencia a las profundidades que albergan esas antigüedades textuales, para consultar opiniones anteriores sobre temas modernos. Quizás ocurra de cuando en cuando que, mientras están metidos en tales indagaciones por los sótanos muertos de la cultura, esos papeles largo tiempo no leídos empiecen a centellear, como si lejanos rayos de precipitaran sobre ellos. ¿Puede también el sótano del archivo convertirse en un claro del bosque? Todo indica que los archiveros y los archivistas han asumido la sucesión de los humanistas. Entre los pocos que todavía se dan alguna vuelta por esos archivos, se impone la opinión de que nuestra vida es la confusa respuesta a preguntas que hemos olvidado dónde fueron planteadas.

 

-Peter Sloterdijk-

Normas Para El Parque Humano (2000)

~ por Alejandro Delgado en noviembre 3, 2008.

3 comentarios to “Cartas muertas de amigos muertos”

  1. me encanta la foto de la biblioteca!

  2. Qué sorpresa, Alex. Otra coincidencia, tal vez. Me explico: acabo de terminar una obra fascinante sobre la aventura del pensamiento (La pasión de la mente occidental, de Richard Tarnas). Uno de los fundamentos de esta obra es la disolución de las cosmovisiones en un crisol de tendencias, de fracturas, de cesuras a veces…Desde la Filosofía de la sospecha, hasta el Pensamiento Débil, la Deconstrucción… le renacer de las experiencia místicas (¡ah, nuestro querido Eliade, Corbin, y tantos otros!)

    Por otra parte es cierto que en la actualidad cualquier corifeo de discutibles erudiciones es elevado a los altares de la sabiduría. Oh nausea, nausea, que diría Nietzsche.

    Un abrazo – Rogelio

  3. Y sin embargo permitimos e incluso elegimos que dirijan nuestras vidas ladrones de ganado…

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